lunes, 5 de agosto de 2019

Güle güle, Tesekkür ederim

PEDRO:
Viajar a Turquía es un poco como viajar al pasado, a la España de mi niñez: hay muchas normas, señales, prohibiciones, avisos, pero sencillamente no se cumplen. Bajo una señal de “prohibido detenerse”, a la salida de un túnel en Estambul, vimos tres coches tranquilamente aparcados, sin que aparentemente nadie protestara por ello; los carteles de “prohibido fumar” o las señales que limitan la velocidad a cifras “europeas” están por todas partes, pero son meramente decorativas. También es una sociedad violenta, como yo recuerdo la España de mi niñez: en los pocos días que pasamos allí, nos topamos con dos peleas a golpes y empujones, e insultos seguramente, pero esto último no puedo afirmarlo. 
Sin duda, se moderniza a toda velocidad: el skyline de Estambul no tiene nada que envidiar al de Madrid, ni tampoco su nuevo aeropuerto, moderno y gigantesco (aunque parece que sí lo van a llenar de aviones, al contrario que en Castellón), las carreteras son buenas en general, incluso muy buenas a veces, y la captación de turistas parece funcionar a buen ritmo. Parece una sociedad religiosa también, donde no sólo los viejos acuden a las mezquitas, el alcohol ha desaparecido de barrios enteros y muchas mujeres llevan alguna clase de hiyab. Y muy joven, demográficamente hablando: los empleados de las tiendas, los policías, los de los hoteles, a mí me parecían casi niños, o tal vez no lo eran tanto sino que soy yo, que me estoy haciendo cada vez más viejo.
Para nosotros, no es fácil mirar más allá de este paisaje de alminares y rascacielos. Nuestro contacto con turcos es casi siempre interesado: son los que te quieren vender algo en el bazar o que te sientes a cenar en su chiringuito, y sonríen todo el rato, chapurrean su español de 50 palabras y sueltan alguna referencia al Madrid o al Barcelona; también conocimos al dueño de un restaurante que era seguidor del Depor, pero esto ya es una extravagancia de difícil explicación. Así que son amables, claro, pero no podemos saber si es sólo fingimiento profesional. Apenas pudimos hablar con ellos, preguntarles qué opinan del pertinaz rechazo de la UE a su entrada, qué opinión les merece Erdogan, qué piensan de las espectaculares ruinas griegas y romanas que prueban, más allá de toda duda, que compartieron esa unidad mediterránea hoy perdida... qué curioso, me acuerdo ahora de la mujer de Bérgama, a la que se le adivinaba un rechazo a los árabes, que decía que los países mediterráneos debíamos unirnos para hacer frente a los del norte de Europa, que tienen valores diferentes: un nuevo Imperio romano.


JORGE escribe sus sensaciones sobre el viaje, mañana Pedro y a ver si convencemos a Juan para que escriba también, a mi no hay q convencerme de nada, y así cerramos blog, hasta el próximo.

🇹🇷
Yo soy mas de callar y observar, creo, pero by popular demand vuelvo al ruedo y le comento a quien lo lea cómo ha sido la experiencia de Istambul desde mis ojos.

Voy a intentar dejar a un lado todas las cositas sobre las que mis co-editores ya se hayan podido explayar; el caos, lo bello del Bósforo y el Cuerno de Oro, todas las mezquitas y toda la arquitectura histórica, y esas vainas. Como yo soy muy romántico (fresita), me traje una cámara analógica al viaje, así que mis fotos no las puedo subir todavía, de hecho sospecho que algo habré liado y se me habrá ido el carrete a la mierda de alguna manera y no tendré foto alguna, pero pronto salgo de dudas.

Yo tenía alguna idea de qué cosas hacer aquí algo más locales, porque tengo un par de amigos que son de aquí o han vivido aquí y me indicaban sitios.
Esto no le pasa a mis padres o a mi hermamo, pero yo odio ser y sentirme turista, que todo el mundo sepa que no eres de ahí, todo eso. Siempre prefiero hacer lo que hacen los locales y mezclarme con locales, y si puedo pasar por local en algunos contextos, tanto mejor. Pero es verdad que para muchas cosas aquí, no queda otra. Vas a la Mezquita Azul o a Santa Sofía, y eres guiri, no hay más. Con la pegatinita roja y la cámara y la mochila, y la cara de gilipollas seguramente también. Pero vale la pena, es beeeello. Pienso que en general salgo más a mi madre que a mi padre y desde luego he heredado alguna fascinación por el mundo árabe. Me parece preciosa la escritura y la simbología, la arquitectura y la estética, las vestimentas, el rito del rezo, todo. Todas las mezquitas que hemos visto son impresionantes de un modo u otro, sea porque la arquitectura es una pasada (las más turísticas) o porque, las de menos fama y tamaño, tienen una atmósfera dentro, de paz y calma y meditación, que me parece un espectáculo.

También saco de mi madre el gusto por irme de shopping, o de window-shopping (a mirar escaparates). Aquí algunas cosas están tiradas así que me he llevado un par de prendas nuevas en la maleta; unas gafas de sol de imitación de Prada mazo horteras que me flipan, dos anillos que, seguro, a cualquier lector le parecerían horribles también (las joyas de los turcos son un canteo), y una camiseta que, enveldá, es una Señora Camiseta, aunque no vaya a entenderme nadie.

Algo que me ha llamado muchísimo la atención es el canto de las mezquitas. Da igual dónde estés en Estambul, si puedes ver una silueta de la ciudad la encontrarás llena de cúpulas y minaretes, y eso acompañado del canto, me parece muy bonito de ver. Yo me he pasado el viaje comparándolo con el flamenco, veo un montón de similitudes.
También la música típica. Muy parecida. Ayer salí por Taksim a un garito con música turca en directo y yo me la bailaba flamenco y daba el pego perfecto. Los instrumentos, los tempos, todo. Lo de coger la manzana, comerla y tirarla lo clava igual y se lo he enseñado a un par de turcos para su repertorio.

La comida pues, no sé. La sopa de lentejas me pareció muy especial y hay sitios donde hemos comido super bien. Pero al final aquí casi todo es kebab todo el rato de alguna manera, especialmente si no eres turista (es la sensación que me dio) y en eso ya estoy curtido. Siempre digo que si viene alguien de fuera de España a Madrid buscando algo typical, yo le llevo al 100Montaditos y a un kebab. Pocas cosas hay más madrileñas que un kebab.

Lo que es fuertísimo es ver a los refugiados sirios por las calles. Lo ves en las noticias, todo eso, pero los tienes delante y flipas. Es verdad que a los turcos no les hacen gracia, intenté darle 10 Liras a un niño anoche y no me dejaron, diciendo que visten mal para parecer más pobres pero que realmente ganan una pasta pidiendo por la calle y que yo no le diera nada. No es el feeling que tuve yo, la verdad. Los turcos tienen sus cositas, son muy homófobos y a mi casi me pegan por hablar con dos chicas sin más, pero conmigo se han portado guay, invitándome a mil cosas, esforzándose por entenderse conmigo y por darme a entender como ellos ven su cultura, sacándome por ahí para conocer la ciudad. De carácter, yo los veo más parecidos a los españoles que otros europeos.

En fin, es una ciudad muy bonita, aunque no tenga arquitectura autóctona, pero el mar y las luces, el color del cielo, y las mequitas por todos lados y en el skyline de la ciudad... Yo pienso volver seguro, me han prometido también casa y un trabajo para cuando yo quiera venirme, así que me queda pendiente eso. 

Buah pero de turco no he aprendido una mierda, olvídate. Algún día, Insha’allah.

Alhamdulillah

BETTY
Ya he escrito todo y más sobre las sensaciones del viaje en cada jornada, básicamente porque se trata de eso, pero aún así, voy a hacer un balance del viaje. Me ha encantado lo equilibrado que ha sido, esto lo gestionó todo Pedro, bien hecho! Hemos visto tantas cosas y tan distintas, y qué suerte no haber cancelado Capadocia, era una opción y estuvimos a punto, tan aterrados estábamos con los atascos. Ha habido piedras, aventura, relax y Estambul, creo q cada cosa en su medida, aunque acabe uno agotado. Todo me ha fascinado, me fascina el país en sí, a las puertas de Europa pero sin dejarlos entrar, con mil detalles de país súper moderno y bastante rico (que edificiangos altísimos y cosmopolitas) y a la vez, la sensación de estar en Asía y al lado de lo peor, al lado de un país en guerra, por ejemplo, y lo que eso significa. El aspecto de muchos turcos, sirios y árabes que pululan por ahí en ropas tradicionales es muy pobre y sucio, aunque también ves cucarachas forradas de negro pero con gafas de Dior y bolsos de Prada. Hay muchas turcas modernas, exactamente como nosotras, eso también. Me gustaría saber la nacionalidad de cada una de las mujeres tapadas, unas más y otras menos, con las que me he cruzado. Entender por qué se tapan tanto: el islam discrimina a las mujeres, por mucho q me digan lo contrario.  Ya lo dije en el blog, es como un Londres del mundo oriental, y con lo que me engancha el otro, pues este igual o más. Mirando a las caras de la gente, el mundo entero está ahí, razas y etnias solo vistas en documentales, muchos contrastes, y los que menos te interesan son los europeos como tú. Soy muy cotilla, me gustaría vivir diez vidas distintas, por eso me encanta esta variedad social y racial. Me he quedado con ganas de hablar con mucha gente, de su país o de lo que sea, es lo que menos me ha gustado de la experiencia.
Turquía es un país de comerciantes, en todas las calles en todas las esquinas de la ciudad hay una tienda tras otra, un bar, un restaurante o un café o un puesto callejero, siempre te van a vender algo, pero no te acosan ni te agobian como en Marruecos, es mucho menos cansino. Como bien dice Jorge, me encantan los mercadillos y las tienditas, así que está claro que eso también lo he disfrutado muchísimo. 
Y bueno, lo que más me ha gustado de todo, es que estuviéramos los cuatro juntos, viajar con los chicos y ver que lo disfrutan con nosotros. Los echamos de menos, y viajes como este, llenos de variedad son una delicia. 

















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