lunes, 5 de agosto de 2019

Güle güle, Tesekkür ederim

PEDRO:
Viajar a Turquía es un poco como viajar al pasado, a la España de mi niñez: hay muchas normas, señales, prohibiciones, avisos, pero sencillamente no se cumplen. Bajo una señal de “prohibido detenerse”, a la salida de un túnel en Estambul, vimos tres coches tranquilamente aparcados, sin que aparentemente nadie protestara por ello; los carteles de “prohibido fumar” o las señales que limitan la velocidad a cifras “europeas” están por todas partes, pero son meramente decorativas. También es una sociedad violenta, como yo recuerdo la España de mi niñez: en los pocos días que pasamos allí, nos topamos con dos peleas a golpes y empujones, e insultos seguramente, pero esto último no puedo afirmarlo. 
Sin duda, se moderniza a toda velocidad: el skyline de Estambul no tiene nada que envidiar al de Madrid, ni tampoco su nuevo aeropuerto, moderno y gigantesco (aunque parece que sí lo van a llenar de aviones, al contrario que en Castellón), las carreteras son buenas en general, incluso muy buenas a veces, y la captación de turistas parece funcionar a buen ritmo. Parece una sociedad religiosa también, donde no sólo los viejos acuden a las mezquitas, el alcohol ha desaparecido de barrios enteros y muchas mujeres llevan alguna clase de hiyab. Y muy joven, demográficamente hablando: los empleados de las tiendas, los policías, los de los hoteles, a mí me parecían casi niños, o tal vez no lo eran tanto sino que soy yo, que me estoy haciendo cada vez más viejo.
Para nosotros, no es fácil mirar más allá de este paisaje de alminares y rascacielos. Nuestro contacto con turcos es casi siempre interesado: son los que te quieren vender algo en el bazar o que te sientes a cenar en su chiringuito, y sonríen todo el rato, chapurrean su español de 50 palabras y sueltan alguna referencia al Madrid o al Barcelona; también conocimos al dueño de un restaurante que era seguidor del Depor, pero esto ya es una extravagancia de difícil explicación. Así que son amables, claro, pero no podemos saber si es sólo fingimiento profesional. Apenas pudimos hablar con ellos, preguntarles qué opinan del pertinaz rechazo de la UE a su entrada, qué opinión les merece Erdogan, qué piensan de las espectaculares ruinas griegas y romanas que prueban, más allá de toda duda, que compartieron esa unidad mediterránea hoy perdida... qué curioso, me acuerdo ahora de la mujer de Bérgama, a la que se le adivinaba un rechazo a los árabes, que decía que los países mediterráneos debíamos unirnos para hacer frente a los del norte de Europa, que tienen valores diferentes: un nuevo Imperio romano.


JORGE escribe sus sensaciones sobre el viaje, mañana Pedro y a ver si convencemos a Juan para que escriba también, a mi no hay q convencerme de nada, y así cerramos blog, hasta el próximo.

🇹🇷
Yo soy mas de callar y observar, creo, pero by popular demand vuelvo al ruedo y le comento a quien lo lea cómo ha sido la experiencia de Istambul desde mis ojos.

Voy a intentar dejar a un lado todas las cositas sobre las que mis co-editores ya se hayan podido explayar; el caos, lo bello del Bósforo y el Cuerno de Oro, todas las mezquitas y toda la arquitectura histórica, y esas vainas. Como yo soy muy romántico (fresita), me traje una cámara analógica al viaje, así que mis fotos no las puedo subir todavía, de hecho sospecho que algo habré liado y se me habrá ido el carrete a la mierda de alguna manera y no tendré foto alguna, pero pronto salgo de dudas.

Yo tenía alguna idea de qué cosas hacer aquí algo más locales, porque tengo un par de amigos que son de aquí o han vivido aquí y me indicaban sitios.
Esto no le pasa a mis padres o a mi hermamo, pero yo odio ser y sentirme turista, que todo el mundo sepa que no eres de ahí, todo eso. Siempre prefiero hacer lo que hacen los locales y mezclarme con locales, y si puedo pasar por local en algunos contextos, tanto mejor. Pero es verdad que para muchas cosas aquí, no queda otra. Vas a la Mezquita Azul o a Santa Sofía, y eres guiri, no hay más. Con la pegatinita roja y la cámara y la mochila, y la cara de gilipollas seguramente también. Pero vale la pena, es beeeello. Pienso que en general salgo más a mi madre que a mi padre y desde luego he heredado alguna fascinación por el mundo árabe. Me parece preciosa la escritura y la simbología, la arquitectura y la estética, las vestimentas, el rito del rezo, todo. Todas las mezquitas que hemos visto son impresionantes de un modo u otro, sea porque la arquitectura es una pasada (las más turísticas) o porque, las de menos fama y tamaño, tienen una atmósfera dentro, de paz y calma y meditación, que me parece un espectáculo.

También saco de mi madre el gusto por irme de shopping, o de window-shopping (a mirar escaparates). Aquí algunas cosas están tiradas así que me he llevado un par de prendas nuevas en la maleta; unas gafas de sol de imitación de Prada mazo horteras que me flipan, dos anillos que, seguro, a cualquier lector le parecerían horribles también (las joyas de los turcos son un canteo), y una camiseta que, enveldá, es una Señora Camiseta, aunque no vaya a entenderme nadie.

Algo que me ha llamado muchísimo la atención es el canto de las mezquitas. Da igual dónde estés en Estambul, si puedes ver una silueta de la ciudad la encontrarás llena de cúpulas y minaretes, y eso acompañado del canto, me parece muy bonito de ver. Yo me he pasado el viaje comparándolo con el flamenco, veo un montón de similitudes.
También la música típica. Muy parecida. Ayer salí por Taksim a un garito con música turca en directo y yo me la bailaba flamenco y daba el pego perfecto. Los instrumentos, los tempos, todo. Lo de coger la manzana, comerla y tirarla lo clava igual y se lo he enseñado a un par de turcos para su repertorio.

La comida pues, no sé. La sopa de lentejas me pareció muy especial y hay sitios donde hemos comido super bien. Pero al final aquí casi todo es kebab todo el rato de alguna manera, especialmente si no eres turista (es la sensación que me dio) y en eso ya estoy curtido. Siempre digo que si viene alguien de fuera de España a Madrid buscando algo typical, yo le llevo al 100Montaditos y a un kebab. Pocas cosas hay más madrileñas que un kebab.

Lo que es fuertísimo es ver a los refugiados sirios por las calles. Lo ves en las noticias, todo eso, pero los tienes delante y flipas. Es verdad que a los turcos no les hacen gracia, intenté darle 10 Liras a un niño anoche y no me dejaron, diciendo que visten mal para parecer más pobres pero que realmente ganan una pasta pidiendo por la calle y que yo no le diera nada. No es el feeling que tuve yo, la verdad. Los turcos tienen sus cositas, son muy homófobos y a mi casi me pegan por hablar con dos chicas sin más, pero conmigo se han portado guay, invitándome a mil cosas, esforzándose por entenderse conmigo y por darme a entender como ellos ven su cultura, sacándome por ahí para conocer la ciudad. De carácter, yo los veo más parecidos a los españoles que otros europeos.

En fin, es una ciudad muy bonita, aunque no tenga arquitectura autóctona, pero el mar y las luces, el color del cielo, y las mequitas por todos lados y en el skyline de la ciudad... Yo pienso volver seguro, me han prometido también casa y un trabajo para cuando yo quiera venirme, así que me queda pendiente eso. 

Buah pero de turco no he aprendido una mierda, olvídate. Algún día, Insha’allah.

Alhamdulillah

BETTY
Ya he escrito todo y más sobre las sensaciones del viaje en cada jornada, básicamente porque se trata de eso, pero aún así, voy a hacer un balance del viaje. Me ha encantado lo equilibrado que ha sido, esto lo gestionó todo Pedro, bien hecho! Hemos visto tantas cosas y tan distintas, y qué suerte no haber cancelado Capadocia, era una opción y estuvimos a punto, tan aterrados estábamos con los atascos. Ha habido piedras, aventura, relax y Estambul, creo q cada cosa en su medida, aunque acabe uno agotado. Todo me ha fascinado, me fascina el país en sí, a las puertas de Europa pero sin dejarlos entrar, con mil detalles de país súper moderno y bastante rico (que edificiangos altísimos y cosmopolitas) y a la vez, la sensación de estar en Asía y al lado de lo peor, al lado de un país en guerra, por ejemplo, y lo que eso significa. El aspecto de muchos turcos, sirios y árabes que pululan por ahí en ropas tradicionales es muy pobre y sucio, aunque también ves cucarachas forradas de negro pero con gafas de Dior y bolsos de Prada. Hay muchas turcas modernas, exactamente como nosotras, eso también. Me gustaría saber la nacionalidad de cada una de las mujeres tapadas, unas más y otras menos, con las que me he cruzado. Entender por qué se tapan tanto: el islam discrimina a las mujeres, por mucho q me digan lo contrario.  Ya lo dije en el blog, es como un Londres del mundo oriental, y con lo que me engancha el otro, pues este igual o más. Mirando a las caras de la gente, el mundo entero está ahí, razas y etnias solo vistas en documentales, muchos contrastes, y los que menos te interesan son los europeos como tú. Soy muy cotilla, me gustaría vivir diez vidas distintas, por eso me encanta esta variedad social y racial. Me he quedado con ganas de hablar con mucha gente, de su país o de lo que sea, es lo que menos me ha gustado de la experiencia.
Turquía es un país de comerciantes, en todas las calles en todas las esquinas de la ciudad hay una tienda tras otra, un bar, un restaurante o un café o un puesto callejero, siempre te van a vender algo, pero no te acosan ni te agobian como en Marruecos, es mucho menos cansino. Como bien dice Jorge, me encantan los mercadillos y las tienditas, así que está claro que eso también lo he disfrutado muchísimo. 
Y bueno, lo que más me ha gustado de todo, es que estuviéramos los cuatro juntos, viajar con los chicos y ver que lo disfrutan con nosotros. Los echamos de menos, y viajes como este, llenos de variedad son una delicia. 

















sábado, 3 de agosto de 2019

Üsküdar y el vendedor de peonzas

 Que mala es la Wi-Fi si este hotel, es francamente increíble. Ayer no pude subir fotos y hoy las he tenido que subir con el Wi-Fi público de la plaza, o en el restaurante, es estresante y horrible!!! 
 Antes de empezar a contar lo que hemos hecho hoy, nos gustaría comentar la sensación de seguridad que vimos en Estambul y en el resto de Turquía. Hay mucha policía por las calles, en la entrada sitios emblemáticos como el bazar y los monumentos importantes, y todo ello te da una sensación de tranquilidad un poco incomprensible. Los policías van vestidos de calle, de color oscuro,  con vaqueros negros, camiseta negra, y lo único que llevan de distinto es un chaleco donde pone “polis“.  Eso sí, armados con una pedazo de metralleta o como se llame, que da mucho miedo. A la entrada del bazar, te pasan por un arco detector de metales y lleves lo que lleves acabas entrando en la bazar.  El caso es que nunca hemos tenido sensación de miedo o de inseguridad en Turquía, nada más allá de lo que ofrece la conducción, que es lo verdaderamente peligroso de este país. Si sobrevives la convivencia con los coches, lo sobrevives todo. Aquí no incluyo las críticas a Erdogan...
Desde que llegamos, hemos intentado buscar en Wikipedia muchas cosas acerca de Turquía, y siempre ha sido sorprendente ver que no podíamos acceder a la Wikipedia, ningún día, nunca. Es evidente que está completamente capada. 
Esta mañana hemos ido a la mezquita de Suleimán, cerca de Eminonu, hemos ido andando desde el bazar de las especias, a través de un barrio totalmente lleno de mercadillo, pero no había turistas, todos locales. Los puestos tampoco eran muy especialmente para turistas, a menos que quisieras comprarte un martillo o papel higiénico.  Y así paseando llegamos hasta la mezquita de Suleiman. Nos dejó con la boca abierta, era una preciosidad de mezquita y además no había mogollón de gente!!  Las mezquitas son lugares de paz y de relax, y si te tienes que pelear con 20 turistas más para hacer una foto, no resulta nada agradable;  además, conocimos a una chica musulmana que estaba dentro para contestar todas las preguntas que quisiéramos hacer. No me acuerdo de su nombre, evidentemente, pero era una chica muy encantadora y comunicativa  y estuvimos hablando un rato muy largo con ella en inglés.  La verdad es que hoy ha sido un día de visita a diferentes mezquitas, primero esta de Soleimán y luego otra en Üsküdar, Mezquitas en las que no había masas de turistas y pudimos disfrutar tremendamente.
Bajamos otra vez a Eminonu y cogimos el transporte público para ir a la zona de Asia, a Üsküdar.  El servicio de transporte entre la zona de Europa y la zona de Asia es muy frecuente, cada 15 minutos, y tardas 15 minutos en cruzar, por lo tanto además de barato es tremendamente y práctico.  Costaba 2,60 liras cada viaje!!! Nada de nada, no llega a 50 céntimos. 
 Supongo que después de cruzar casi a diario, la gente se vuelve inmune ante tanta belleza, pero para nosotros es absolutamente impactante cruzar el Bósforo, es una maravilla!!  Cuando llegamos a Üsküdar,  nos dimos un paseo tratando de buscar, de mendigar, una zona donde poder tomar una cervecita fresca. Le pregunté a un chaval joven y la cara de alucine que me puso me lo dijo todo. Aquí no se bebe alcohol, si quieres alcohol, tienes que ir a la zona de Europa: básicamente, es un antro de perdición, me vino a decir. Esta parte de Asía está plagada de mezquitas y ya sabemos que cerca de ellas no puede haber ni rastro de alcohol!!! Así que nos dimos un paseo y encontramos un sitio muy agradable para comer, comida muy típica y muy local. Nosotros éramos casi los únicos turistas de la zona!  La zona o el barrio de Üsküdar es muy auténtico y muy sencillo, no es particularmente bonito, pero tiene muchos puestos de fruta, puestos de pescado, y todo ello le hace tener un aspecto muy auténtico, esa es su gracia!  Como hacía  mucho calor, entraron en la mezquita de Yani Valide, al lado del puerto, mientras yo me aventuraba a comprar té turco en el supermercado, bueno, qué  complicado es todo... en fin, ya hemos hablado de que aquí nadie q no esté en restauración, no habla ni papá de inglés. Bueno, me compré un paquete y os invito a que lo probéis... Pedro ya me ha puesto verde porque dice que tengo la casa llena de té, puede ser, pero té turco no tengo y hay que probarlo y compararlo, no? 
 Después de comer, nos fuimos a dar un paseo por el pueblo y paramos a tomar un café y un çay en una cafetería muy normalita. Nos costó un auténtico calvario conseguir una jarrita de leche, nadie entendía nada. Ni inglés, ni español, nada.  Eso sí, sonreían todos mucho, de hecho el camarero nos contó con pocas palabras que él era de Irán, de Teheran. Estambul es como Londres pero en Asia. Es el centro del mundo!!! 
 Al volver, estuvimos paseando por el barrio de Beyazit, al lado del nuestro hotel, donde está el bazar, y mareando un poco las últimas horas antes de volver al hotel a hacer la maleta. Realmente el paseo fue fuera del bazar, con tantísimos puestos como dentro pero fuera. Hay puestos de absolutamente todo, pero por la calle también van chavales vendiendo peonzas. Las peonzas son preciosas, de madera de muchísimos colores y ellos las saben hacer girar maravillosamente, estos niños tienen muchísima escuela, que es la calle, se les nota en la cara y en la mirada de pillos. 
Cenamos en un sitio fantástico muy cerca de nuestro hotel donde pudimos tomar vino, cerveza, y copas. Tampoco era barato, el alcohol lo encarece todo muchísimo, pero la cena nos encantó!! 
 Y por último os cuento que me ha escrito mi amiga Merve, la turca de Ankara, que conocí en el barco. Nos hemos hecho muy amigas, aunque tenemos poco que contarnos, básicamente porque no tiene ni idea de inglés, pero sí mucho entusiasmo y muchas ganas.  Ha decidido que me sigue en Instagram, supongo que se dará cuenta que es como seguir a un muerto, yo le hago cero caso al Instagram.... Y así acaba nuestro último día en Estambul, estamos todos encantados con el viaje. Jorge ha salido con los camareros que conoció en un restaurante el otro día, dice que se quiere ir de fiesta, espero que vuelva pronto. Los demás, nos recogemos ya.


























viernes, 2 de agosto de 2019

Taksim y el tranvía.

 Hoy el relato va a ser más cortito, es muy tarde y la Wi-Fi de este hotel es lamentable.  Aún así es imposible resistirse a subir a la azotea del hotel, desde el que veo la mezquita azul en todo su esplendor. Es francamente alucinante. Esta ciudad es increíble, para empezar me fascina que siendo el centro de tanto imperio, haya tenido tantos nombres tan diferentes a lo largo de la historia. Los griegos fundaron Bizancio en el siglo VI a. C.,En el 326 de la era cristiana, Constantino la renombró Constantinopla, aunque seguía siendo el imperio bizantino.Y en el siglo XV con los otomanos se pasó a llamar finalmente Estambul. No puedo decidirme en qué momento me hubiera gustado vivir aquí en Estambul, si como parte del harén del sultán, o en el siglo XVIII o XIX. También Me hubiera gustado conocer este país en la época de Atatürk, 1923, el verdadero padre de la Turquía moderna. Además de millones de banderas, su cara está por todas partes. Debió de ser un tío con muchísima personalidad.
 Hace mucho calor, muchísimo, por eso estamos también tan cansados. Bebemos agua sin parar, y de vez en cuando nos paramos hacer un descansito, y a tomar algo para reponernos. Por todo esto, no estamos haciendo tantísimas cosas como habíamos planteado inicialmente, aunque estamos viendo la mayor parte de los monumentos y las zonas más señaladas. Por ejemplo, hay muchos barrios muy llamativos de interesantes que simplemente con pasearlos los disfrutas muchísimo. Esta mañana después de desayunar nos hemos ido a la plaza Taksim, Y de ahí hemos bajado dando un paseo hasta el final de la calle Istiklal,  una calle llena de tiendas más bien modernos, pero con callejones adyacentes llenos de cafés con muchísimo encanto y puestos de hippies.  Hasta Taksim hemos ido en metro, metro tradicional, que por cierto es estupendo con un Aire acondicionado fabuloso. Cuando llegamos al final de la calle, cogimos el tranvía antiguo que la recorre para volver a subir hasta Taksim.  En el tranvía había mayormente turistas, aunque también había turcos, por dentro y por fuera. Era muy gracioso ver como algunos turcos gamberretes se dedicaban a correr la calle hasta colgarse en la parte exterior del tranvía, Más que medio de transporte era como un juego para ellos. De allí fuimos a comer a un sitio que le habían recomendado a Jorge, Hayri Usta,  un restaurante lleno de público local donde comimos bastante bien aunque sencillo. Ahí probé un postre delicioso, se llama Kunefe, que es una especie de baklava pero con queso, y se toma bastante caliente. Era un poco pesado porque era mucha cantidad pero estaba riquísimo. Como en estos sitios nunca Hay alcohol, siempre toman los chicos Coca-Cola, agua, y yo siempre tomo ayrán ,una bebida a base de yogur y que es muy refrescante. También tengo la receta de esta bebida, así que os la haré un día de estos.
 Después de comer, bajamos hacia la torre de Galata y hacia el puente andando, dando un paseito en una zona entre dos barrios, Beyoğlu y Karakoy,  está llena de tiendas de mil cachivaches y almonedas antiguas, también muchas tiendas de decoración moderna pero con elementos muy clásicos de la cultura turca.  Una zona de lo más hipster, apetecía mucho sentarse a tomar un té en cualquiera de los cafés, Y la edificación también era muy bonita porque aunque era del siglo XIX o principios del 20, estaba llena de plantas y flores.
 En Eminonu, después de cruzar el Galata,  nos separamos. Pedro se fue al museo arqueológico y los chicos y yo nos volvimos al bazar a terminar unas operaciones que teníamos pendientes. El follón de gente que hay normalmente en el tranvía, no impide que muchos turcos mantengan su educación tradicional y te cedan el asiento: a mí ya me ha pasado dos veces, no estoy acostumbrada a que me pase en Madrid, pero aquí tengo mucha suerte y siempre acabo sentada en el tranvía. Ojalá no sea porque piensen que soy demasiado mayor, o peor, que estoy embarazada... No, no lo creo...
 En el gran bazar, nos separamos, cada uno se fue por su lado a resolver sus asuntos, y quedamos una hora y pico después en la entrada. Tuve una experiencia muy negativa en una de las tiendas, y casi me cargo al turco que pretendía timarme. Me puse histérica, le monté un numerito y al final conseguí que me devolviera el dinero y el que se quedó con el cabreo tremendo fue él!!  También tuve una experiencia muy agradable con uno jovencito que me invitó a sentarme y a tomar el té en su tienda mientras me hablaba de todos los jugadores que conocía del Barcelona, del Madrid, y del atlético. Estoy hasta el moño del fútbol, es de lo único que hablan sin parar.  A este, que era tan majete, al final le compré lo que quería, No sin antes regatear todo lo que pude. No es nada fácil, por lo menos para mí no es fácil, al final, me siento bastante satisfecha aunque él crea que soy una auténtica pringada.
Kinma me había hablado del barrio de Kumcapi para ir a cenar pescado, y allá fuimos. Es una zona bastante chunga al sur de Sultanahmet,  pero está totalmente llena de restaurantes para comer pescado. Fuimos en taxi, y aunque tengan taximetro normalmente hay que acordar antes el precio del viaje. La primera vez nos timaron claramente, pero a la vuelta, ya éramos unos expertos y subimos al hotel por muy poquito. Aprendemos rápido.  Cuando llegamos a la zona de los restaurantes, se nos cayó el alma a los pies. Son unas cuantas calles que confluyen en una mini plaza y que estaban totalmente llenas de restaurantes y de camareros acosadores para que te sentaras en sus mesas!!  Fue un auténtico agobio, parecía Benidorm o algo peor, Y además la mayoría de los restaurantes tenían 4 o 5 músicos que atronaban de forma increíble. Aunque nos fuimos lo más lejos posible de la música, al final nos alcanzaron y consiguieron echarnos, del ruido tremendo que había. No se podía ni hablar.
 Bueno, esto sido el día de hoy. Mañana es nuestro último día y vamos a llevar a Jorge a la parte de Asia, a Üsküdar,  Y en el barco voy a cantar la canción para que todos me acompañen!!!
Hasta mañana!! 😘
 No puedo subir fotos Wi-Fi del hotel no me deja, lo intentaré mañana.










jueves, 1 de agosto de 2019

El síndrome de Stendhal

Siempre que viajo a algún sitio donde me gusta alguna bebida o comida, me convenzo de que lo voy a hacer cuando vuelva a casa..., nunca lo hago, pero esta vez me ha pasado lo mismo. Me encanta el té, y este casi más que el inglés o irlandés, o incluso el indio chai latte con canela y cardamomo. Y me encanta que lo toman constantemente, a todas horas y todo el mundo, infinitamente mas que el café. A cada rato te encuentras con algún chavalote que lleva una bandeja colgante llena de vasitos de té que va repartiendo por la calle, en las tiendas o en los puestos, donde se lo hayan pedido. Además son vasitos pequeños, por lo que no te da ni tiempo a hartarte, me gusta muchísimo y sienta fenomenal. Me he comprado dos vasitos preciosos con platos ideales y cucharillas doradas, voy a tomarme muchos tés y os invitaré también. Salvo por la noche, claro. Por la noche no me deja dormir así que he encontrado otro té mucho más adecuado para la noche: el té de manzana. La guía del tour de Capadocia nos decía que el té de manzana era riquísimo pero uno te daba la vida pero otro te la quitaba... es que el té de manzana se vende en dos formatos, o en polvitos o en bolsitas. El de polvitos es cuasi venenoso, lleno de azúcar y un sabor intensisimo que te harta al segundo sorbo. El otro, el de bolsita es delicioso y sano. Hoy hemos cenado en un sitio muy original y auténtico, un restaurante con sillas bajas y sofás forrados de kilims, llamado Mesale, donde hemos tomado kebab variado y unas crepés rellenas de espinacas, ensalada de berenjena y todo amenizado con un trío lastimero de música turca y un derviche que daba vueltas cual peonza. Muy chulo, aunque un poco petardo. No pudimos tomar nada de alcohol porque por lo visto, cuando un restaurante está cerca de una mezquita, está prohibido vender o consumir en él ningún tipo de alcohol, dicen que si te hacen una foto consumiendo alcohol en el local, te lo cierran y te hacen polvo..., y eso que es un país laico..., me río yo del demócrata Erdogan... Hemos estado hablando con un camarero, medio en inglés, medio en español, y como siempre, acabamos hablando de fútbol. Real Madrid, Barça, Besiktas, Galatasaray... de esto sí que saben, claro. Y luego nos hemos ido a fumar una cachimba al local que os contaba ayer, el que era tan mono y pijito. Pues muy bien, no me disloca pero ha estado bien, aunque a Pedro no le gusta nada y ni lo ha querido probar, le da asquete. En este local tampoco había alcohol, está claro que el barrio es muy decente, demasiado. 
Estamos muy cansados, ya se notan los días de trajín y sobre todo de calor, aunque bebemos agua como posesos. Por eso hoy nos hemos levantado un poco más tarde y luego nos hemos metido una buena paliza: hemos visto Santa Sofia, el palacio de Topkapi y luego por la tarde, nos hemos ido por el Bósforo en un crucero!! 
Haghia Sophia (Pedro escribe)
Acudimos por la mañana a Santa Sofía con el ánimo un tanto encogido, temiendo llevarnos otra decepción, por las mismas razones que en la mezquita azul, es decir, la combinación del olor a pies descalzos en un caluroso día de verano, la muchedumbre asfixiante, armada de palos y teléfonos móviles con los que agredir a quien se les acerque, y los andamios para los trabajos de restauración. Nada de eso ocurrió por una razón ya antigua: desde 1935, Santa Sofía no es ya mequita, sino museo, por lo que no hay que descalzarse los pies (todos) ni cubrirse (las mujeres) la cabeza. 
Finalmente entramos guiados por un turco al que las palabras inglesas se le atrangataban en la boca y las profería espaciadas e irreconocibles. Pronto nos desentendimos de él, absortos en la maravilla de ver una cúpula de dimensiones colosales, soportada por otras bóvedas laterales que a su vez se apoyan en otras más pequeñas. Un eco puede verse en el suelo, en un lateral, el lugar donde se coronaba a los emperadores bizantinos, conocido como Ómphalos, el ombligo del mundo, formado por varios círculos de mármol de diversos colores incrustados en el suelo. Y desde allí uno vuelve otra vez la mirada hacia arriba, a esa cúpula inmensa que parece el cielo o quizás el mundo. 
Hay todavía elementos que perduran de cuando fue mezquita, como el mihrab que no está en medio justo del ábside, sino un poco girado. Lógicamente, cuando Justiniano ordenó construir Santa Sofía, la posición de La Meca le traía sin cuidado. A su lado está el Minbar, esa especie de púlpito de gran tamaño para la oración de los viernes. Y naturalmente los grandes tondos con gigantescas escrituras en árabe de los nombres de Alá y Mahoma y otras muchas caligrafías.
Antes que mezquita, fue iglesia, con unos espléndidos frescos que fueron debidamente tapados, pero que ahora se recuperan y vuelven a salir a la luz: la omnipresente Virgen con el niño en el regazo, arcángeles, San Juan Bautista, patriarcas y diversos emperadores con un saco de dinero en la mano, el símbolo de sus generosas donaciones a la iglesia. Hay también un triforio, al que subimos, donde están algunos de estos iconos, y una colosal puerta de bronce, robada de un templo griego del siglo IV a. C. Paganismo, cristianismo e Islam, expuestos ante la mirada boba de los móviles y los turistas, que posan para decir: “yo he estado aquí” y el mundo entero tiene que saberlo.
Todo esta belleza, esta conjunción de espiritualidad y poder terrenal, y ostentación y riqueza, cayó en manos de los turcos en 1453, que la convirtieron en mezquita y en modelo para todas las mezquitas que construyeron a partir de ese momento.

"And if you call me brother now, forgive me if I inquire: just according to whose plan?" L. Cohen, The Story of Isaac


















Güle güle, Tesekkür ederim

PEDRO: Viajar a Turquía es un poco como viajar al pasado, a la España de mi niñez: hay muchas normas, señales, prohibiciones, avisos, pe...